Ir a ver una película al cine conlleva tener que soportar varias cuestiones. Desde el que se ríe y hace comentarios todo el tiempo, a el que no para de masticar pochochos o papas fritas al lado tuyo o de los que apretan como si estuvieran en pleno reservado. Ahora, ¿qué pasa si te metés a una sala donde sólo quedan dos asientos libres y el resto de los espectadores son estos nenitos?:
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