No
sé por qué a las tres de la tarde me decidí a sacar el boleto hacia
Aswan ni por qué me aventuré en la
estación de trenes con cuarenta grados de calor. Tampoco me explico qué me
llevó a comprar un ticket en una ventanilla donde nadie hablaba
una sola palabra en castellano ni en inglés. Son los pro y los contras
que existen cuando se viaja viviendo el día a día, no atándose a
calendarios ni a cronogramas. Hoy, ya todo está traducido y
sumamente explícito, pero hace más o menos quince años, si bien Egipto
ya era una meca para el turismo, lugares como la estación de trenes
no eran de los mas globalizados porque la mayoría de los viajeros se
trasladaba por el Nilo o en algún tour, por lo tanto, era un lugar
aún no muy desarrollado para el extranjero.
| Hermosa la espera del tren en la estación de El Cairo. |
| Desde sudamérica parece hasta muy fácil. |
| Aswan? No comprender. El que sigue. |
| - Jeje, parientes en Sudán? - Eh? |
Ellos no me entendían una palabra y veían mi angustia, entonces me hicieron pasar y me
dieron un té. Era una pieza de cuatro metros por cuatro donde había un
ventilador que apenas movía las aletas, realmente pasaba desapercibido, hacía más calor dentro que afuera de esa habitación. Si le sumamos el té bien caliente, me sentía totalmente agobiado, pero no podía dejar pasar tanta cortesía y mi única oportunidad de sacar el ticket. Una mesa con una caja
registradora del año cincuenta que no paraba de funcionar, dos o
tres sillas y dos banquetas enfrentadas a las ventanillas de la pared donde se agrupaba la gente. Las paredes limpias aunque ya el color
blanco original de la parte de arriba era amarillo y el amarillo de
la parte de abajo naranja, ambas se empezaban a descascarar, carteles
incomprensibles, alguna bandera egipcia y un mapa del país tapaban un
poco las intrigantes manchas de humedad. Me acompañaban en la
habitación más o menos seis personas. Nos sentamos con el que parecía el jefe y, después de un buen rato y mapa de por medio, llegué a Aswan.
Y
como siempre pasa, al día siguiente antes
de ir a tomar mi tren, salí un rato a caminar por el Cairo y en alguna calle logré ver un letrero en perfecto ingles que anunciaba la venta
de pasajes oficiales en tren a cualquier lugar de Egipto. No solo no
necesitaba hacer cola sino que también en ese local había aire
acondicionado.
Ramón
Herrera