viernes, 19 de octubre de 2012

Trip Tour: fotos de viajes


Cuando uno esta de viaje, piensa que está sacando las mejores fotos del mundo y que, sin dudas, cuando las revele, algún editor de National Geographic se va a conectar para publicarlas. Bueno, no, por lo general las fotos son de una calidad misérrima, fuera de foco, poca o mucha luz, en movimiento, etc. Todo parte de un deseo de inmortalizar un momento vivido, por lo general de alegría o sorpresa para poder compartirla o guardarla en un álbum o en un baúl, como es mi caso, y prácticamente no verlas nunca más.
Ramón con Messi en Barcelona y 2
cafés con leche medianos, bebida de crack
Cada vez que volvía de mis travesías por tierras lejanas, me encargaba de llegar a casa con las fotos de los muchos rollos ya revelados, las razones eran dos, la primera económica, ya que las diferencia de precio era abismal, de hecho, he llegado a hacer, nunca supe bien por qué, dos copias de cada foto, pues las ofertas en ese momento po ejempo en NY eran de dos revelados por uno, así que en ese viaje de más o menos 10 rollos a promedio 25 fotos por rollo, me traje a la argentina 500 fotos, de las cuales 250 obviamente fueron repetidas y nunca vistas o regaladas a nadie. La segunda de las razones es para explicar un poco los bellísimos lugares y mostrar los magníficos amigos y/o personajes que uno conoce en cada momento del viaje. Otro error, comúnmente cada vez que llegaba luego de un caluroso recibimiento de mi familia o amigos y después de escucharme los puntos mas destacados durante mi ausencia, el tema se disipaba y, la verdad, nadie llegaba a ver ni la mitad de las fotos con los bellísimos lugares y los magníficos amigos o personajes del viaje quedaban solo para mí.
Ramón esotérico, retratado por Zhara,
una  indú que no sabía qué era una
cámara (se lo dijo después de sacarle)
A los pocos días de cada regreso,  las fotos entraban en un descanso profundo de años, que esporádicamente, solo se altera con alguna incursión para recordar un momento para estos textos o alguna referencia para un consejo de viaje. En una ocasión me aventuré por el mundo una considerable cantidad de meses con dos cámaras de fotos, una chiquita, con flash, la otra una Pentax profesional que pesaba más o menos 80 kilogramos y complicadísima de regular. El tema fue que con la pequeña cámara, las fotos no salían de buena calidad y como no tenia zoom todo parecía a 2 cuadras de distancia. Los leones parecían gatos y los cocodrilos lagartijas, por lo tanto, a los 10 días no la usé mas. La grande, era tan pesada e incómoda que las primeras horas de cada jornada sacaba las mejores fotos posibles, pero ya tipo cinco de la tarde era una tortura cargarla, prepararla y disparar. Por lo tanto, se producía automáticamente una merma en la producción fotográfica.
Tengo muy pocas fotos durante los atardeceres de Sudáfrica, creo que en total dos. Nueva York es una de las ciudades mas impactantes que conozco, una oportunidad creí entender que era ideal para sacarle fotos en blanco y negro, yo no sé si la Pentax tenia algún problema o mi técnica no estaba capacitada para ese reto, ya que las fotos resultaron todas en un tono de gris clarísimo que parecían todas quemadas por el sol. Nunca más usé la Pentax.
Foto de Laos, recortada de una revis
de sala espera de médico.
En Laos, se me ocurrió tomarme un colectivo para llegar desde Louangphrabang a Xiangkhoang. La particularidad de esta travesía era que el paisaje realmente deslumbraba, montañas cubiertas de las más exóticas plantas cargadas de flores de colores indescriptibles, cataratas colgando de los acantilados cayendo a pequeños espejos de agua invadidos por niños jugando y mujeres lavando sus ropas, Poblaciones enteras esperando la llegada del trasporte para recibir a algún hijo dilecto desbordando de alegría y entusiasmo. Un cielo celeste impecable, manchado por alguna nube pasajera. Montañas cortadas por el río lleno de pescadores sacando sus presas brillantes al sol. Por estas cosas, a los veinte kilómetros de recorrido decidí pedir permiso y hacer mi viaje en el techo. El panorama era ya supremo, todo esto se potenciaba y sumado el sabor de la aventura de mi nueva ubicación, hacían de esto un momento digno de ser retratado. Cargué mi cámara con un royo de 36 fotos y a disparar, nada se me podía escapar, las sonrisas, los paisajes, el agua, el cielo, todo era apuntado por mi lente. Esa fue una de las experiencias más recordables del uso de mi cámara, sobretodo cuando llegue a  Xiangkhoang y me di cuenta al bajar del colectivo que había cargado mal el royo y que, por supuesto, no tenía ninguna foto de la fantástica jornada de la que había sido parte.
Se nota que es NY. Y se nota que
era la cámara Pentax toda manual que
Ramón no pudo aprender a usar.
Como viajero solitario, no aparezco mucho en mis fotos, por lo tanto muchas de ellas ya al final de los viajes eran directamente compradas, si, postales, en algunos sitios desistía de lograr la foto para el Pullitzer y en cambio me iba al chiringito más cercano y elegía las postales mas representativas de lo que estaba viendo.  Por supuesto, alguna que otra foto sacaba pero las que no pueden faltar, compradas y por supuesto, sin pudor alguno. En algunos lugares se me da por salir en la foto, así en las que aparezco, me tengo que retratar con el segundero que traen las cámaras: en el 90% de los casos estoy agachado, o tapando el paisaje o edificio, en movimiento o sin cabeza. En Egipto, y con respecto a esto, quería salir en una foto con las pirámides de fondo, así que me fui para el desierto camine un buen rato bajo el sol arrollador y llegue a un lugar donde el ángulo era el ideal, este lugar estaba lleno de turistas, que habían llegado en refrigerados Jeeps que estaban lejos de mi presupuesto, no importa, caminé y como quería mi foto, le pedí a un señor que me sacara. El maestro realmente era un ladino, me sacó dos o tres y me dijo que, por las dudas, sacaba otra más. Tiempo después, en el momento del revelado, vi que mi simpático amigo me había sacado las 4 fotos sin cabeza.  Todas estas cosas con las cámaras digitales nunca podrían haberme pasado, pero la realidad es que las fotos sacadas con éstas, pocas veces son reveladas. Y esta situación, me hubiera privado de tener mi baúl antiguo con más de 5000 fotos que no miro nunca, pero que las atesoro esperando el día que las quieran ver mis hijos.

Ramón Herrera

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